Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
El Mundo de Tinta :: ROL :: El comienzo
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Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
Los pasos de la chica eran lentos y reticentes. Hubo un momento en que Kian se aburrió tanto que a punto estuvo de acabar con ella de una vez, y retomar la persecución de su anterior presa. Pero reprimió el impulso, haciendo caso a su instinto que le decía que Ari tenía algo que a él le interesaba, y que no tardaría en dárselo.
Un aullido resonó en el silencio a pocos kilómetros de allí. Kian alzó las orejas atento al mensaje de su manada.
Una humana...en el bosque...no tenemos hambre...la dejaremos marchar...((Off rol:se refieren a Eve))
Había un tono de duda en la última nota del mensaje, como si esperaran que él diera el visto bueno.
Kian se impacientó por aquella muestra de indecisión y penosa bondad de sus compañeros de manada. Su respuesta no se hizo esperar. Levantó la cabeza y aulló.
Que muera la humana
El lobo notó el sobresalto de la chica-dragón que se hallaba no muy lejos de su escondite.
"Ya te dije que había lobos hambrientos" pensó volviendo a centrar su atención en ella.
Se oyó un tercer aullido esta vez de confirmación, y al instante siguiente, Kian se había olvidado de la humana a la que acababa de condenar.
Un aullido resonó en el silencio a pocos kilómetros de allí. Kian alzó las orejas atento al mensaje de su manada.
Una humana...en el bosque...no tenemos hambre...la dejaremos marchar...((Off rol:se refieren a Eve))
Había un tono de duda en la última nota del mensaje, como si esperaran que él diera el visto bueno.
Kian se impacientó por aquella muestra de indecisión y penosa bondad de sus compañeros de manada. Su respuesta no se hizo esperar. Levantó la cabeza y aulló.
Que muera la humana
El lobo notó el sobresalto de la chica-dragón que se hallaba no muy lejos de su escondite.
"Ya te dije que había lobos hambrientos" pensó volviendo a centrar su atención en ella.
Se oyó un tercer aullido esta vez de confirmación, y al instante siguiente, Kian se había olvidado de la humana a la que acababa de condenar.
Última edición por Colmillo_Blanco el Dom Mayo 09, 2010 9:38 pm, editado 1 vez
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Colmillo_Blanco- Administradora

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Fecha de inscripción: 06/05/2010

Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
-Genial...-murmuro algo inquieta por el aullido de los lobos. Hacia un buen rato que se sentía observada.
A veces lamentaba realmente el no haberle insistido un poco más a su padre para que le hubiera enseñado a luchar. Realmente nunca necesito saber manejar una espada, pero ahora mismo no lo hubiera venido mal saber dar un buen puñetazo o una buena patada. Podia utilizar su poder de fuego para defenderse si quería, pero eso solo llamaría más la atención, cosa que intentaba evitar.
Acelero el paso. Lo mejor era llegar cuanto antes a aquella granja.
Y entonces se fijo. Una figura a lo lejos. O eso creia.
A veces lamentaba realmente el no haberle insistido un poco más a su padre para que le hubiera enseñado a luchar. Realmente nunca necesito saber manejar una espada, pero ahora mismo no lo hubiera venido mal saber dar un buen puñetazo o una buena patada. Podia utilizar su poder de fuego para defenderse si quería, pero eso solo llamaría más la atención, cosa que intentaba evitar.
Acelero el paso. Lo mejor era llegar cuanto antes a aquella granja.
Y entonces se fijo. Una figura a lo lejos. O eso creia.

Eldredge- Mensajes: 5
Fecha de inscripción: 07/05/2010
Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
Hitman tuvo que apartarse para no darse de bruces contra la chica que corría a toda prisa hacia la granja. Juraría que ni siquiera había advertido su presencia.
En cuestión de segundos se vio rodeado por una manada de fieras que llegaban de todas las direcciones del bosque. Por un instante, vencido por el miedo, tuvo la tentación de rendirse y dejarse devorar por sus hambrientos adversarios, pero la voz de Diana se materializó en su mente:
"Debes completar tu objetivo 47"
Entonces comenzó a sentir como se le helaba la sangre en las venas y su pulso se iba haciendo cada vez más lento. Metió la mano en la gabardina, sacó el rifle de Dan-Inyectar y disparó a sangre fría contra los tres lobos que le cerraban el paso hasta el ficus al que tantas veces había trepado para inspeccionar la aldea. Una vez alcanzado este escaló a toda prisa y se acuclilló sobre una rama lo suficientemente robusta como para aguantar su peso. Volvió a meter la mano en el bolsillo y sacó el diminuto frasco de cristal que había comprado días antes al viejo alquimista. Aquella pócima ahuyentaría al resto de la manada, que lucía sus afilados colmillos mientras trataba a toda costa de trepar por el viejo árbol.
Una vez se hubo cerciorado de la completa disolución del grupo bajó del árbol y siguió las huellas que la chica había dejado en la nieve. No debería estar muy lejos.
En cuestión de segundos se vio rodeado por una manada de fieras que llegaban de todas las direcciones del bosque. Por un instante, vencido por el miedo, tuvo la tentación de rendirse y dejarse devorar por sus hambrientos adversarios, pero la voz de Diana se materializó en su mente:
"Debes completar tu objetivo 47"
Entonces comenzó a sentir como se le helaba la sangre en las venas y su pulso se iba haciendo cada vez más lento. Metió la mano en la gabardina, sacó el rifle de Dan-Inyectar y disparó a sangre fría contra los tres lobos que le cerraban el paso hasta el ficus al que tantas veces había trepado para inspeccionar la aldea. Una vez alcanzado este escaló a toda prisa y se acuclilló sobre una rama lo suficientemente robusta como para aguantar su peso. Volvió a meter la mano en el bolsillo y sacó el diminuto frasco de cristal que había comprado días antes al viejo alquimista. Aquella pócima ahuyentaría al resto de la manada, que lucía sus afilados colmillos mientras trataba a toda costa de trepar por el viejo árbol.
Una vez se hubo cerciorado de la completa disolución del grupo bajó del árbol y siguió las huellas que la chica había dejado en la nieve. No debería estar muy lejos.

Alétheia- Mensajes: 5
Fecha de inscripción: 06/05/2010
Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
Kian contempló el espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos con perplejidad. Poco a poco sus belfos se curvaron en algo parecido a una sonrisa que siguió en su rostro aún cuando se convirtió en humano, y dio paso a una sonora carcajada. Miró a Hitman, al que hacía rato que había reconocido por su olor.
-Enhorabuena-le dijo acercándose a él-Acabas de matar a una manada entera de licántropos.
El hecho de que hubiera acabado con tanta facilidad con seres como él le parecía más divertido que peligroso.
Kian observó el cuerpo inerte de un enorme lobo gris, y le dio una patada. Sabía que el cadáver no tardaría en adquirir su verdadera forma humana, y entonces podría ver el rostro grasiento de Tim deformado en una mueca de dolor.
"No eran tan idiotas después de todo" pensó Kian. Seguramente llevarían un buen trecho siguiéndolo, usando a su favor la dirección del viento, y el amortiguado silencio de los pasos sobre la nieve. Se estremeció al pensar que en el instante en que todos habían emergido de las sombras se dirigían hacia él en clara emboscada. ¿Cuántos eran? Tres, cuatro, seis...Sin duda le habrían hecho mucho daño entre todos. Había sido una suerte que aquel tipo hiciese su aparición justamente en ese momento.
Le había hecho un favor, y sólo porque estaba de buen humor, Kian decidió devolvérselo.
-Por cierto, los esbirros del rey van detrás de ti, están deseando matarte.
Al fin los cuerpos inertes de los lobos adquirieron su forma humana, y Kian repasó sus caras reconociéndolos a todos. Pertenecían a una especie de resistencia, un grupo de idealistas que hacían todo lo posible por llevar la vida normal de un humano, y que se reunían los domingos por la noche en el bosque para charlar de sus inquietudes. Kian sentía tal repulsión por su forma de vida que no dudó en indicarle a los soldados del rey el lugar y la hora exacta en la que los hombres lobos-más hombres que lobos- se reunían en sus tertulias.
Era normal que entre los supervivientes quedara cierto resentimiento hacia él.
-Enhorabuena-le dijo acercándose a él-Acabas de matar a una manada entera de licántropos.
El hecho de que hubiera acabado con tanta facilidad con seres como él le parecía más divertido que peligroso.
Kian observó el cuerpo inerte de un enorme lobo gris, y le dio una patada. Sabía que el cadáver no tardaría en adquirir su verdadera forma humana, y entonces podría ver el rostro grasiento de Tim deformado en una mueca de dolor.
"No eran tan idiotas después de todo" pensó Kian. Seguramente llevarían un buen trecho siguiéndolo, usando a su favor la dirección del viento, y el amortiguado silencio de los pasos sobre la nieve. Se estremeció al pensar que en el instante en que todos habían emergido de las sombras se dirigían hacia él en clara emboscada. ¿Cuántos eran? Tres, cuatro, seis...Sin duda le habrían hecho mucho daño entre todos. Había sido una suerte que aquel tipo hiciese su aparición justamente en ese momento.
Le había hecho un favor, y sólo porque estaba de buen humor, Kian decidió devolvérselo.
-Por cierto, los esbirros del rey van detrás de ti, están deseando matarte.
Al fin los cuerpos inertes de los lobos adquirieron su forma humana, y Kian repasó sus caras reconociéndolos a todos. Pertenecían a una especie de resistencia, un grupo de idealistas que hacían todo lo posible por llevar la vida normal de un humano, y que se reunían los domingos por la noche en el bosque para charlar de sus inquietudes. Kian sentía tal repulsión por su forma de vida que no dudó en indicarle a los soldados del rey el lugar y la hora exacta en la que los hombres lobos-más hombres que lobos- se reunían en sus tertulias.
Era normal que entre los supervivientes quedara cierto resentimiento hacia él.
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Colmillo_Blanco- Administradora

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Fecha de inscripción: 06/05/2010

Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
Escrito por Alétheia y Colmillo_Blanco:
-No estan muertos, no tardarán en despertar-47 miró fijamente a los penetrantes ojos azules de aquel ser.
Kian alzó una ceja levemente sorprendido. Olfateó el aire. Cierto, no olía a muerte. El olor de esa maldita chica dragón dominaba sobre cualquier otro que hubiera en el ambiente. Sacó una daga de su chaqueta y degolló uno a uno a los aún durmientes licántropos.
-Ahora no despertarán-dijo con una sonrisa.
-¿Quien demonios eres tu?-preguntó Hitman sujetando al joven por la muñeca para evitar que continuara su matanza. Estaba más fuerte de lo que aparentaba.-¿Por qué debería fiarme de ti?
Kian retrocedió con violencia obligando a Hitman a soltar su muñeca, y un débil gruñido afloró de su garganta.
-No tienes que fiarte de mi.
Antes de que Hitman pudiera volver a intervenir clavó con rapidez la daga en la yugular del último de los licántropos.
-¿Que hacéis merodeando por esta zona? Ya me había acostumbrado a vivir solo. A propósito, ¿Qué sabes de la niña que andaba por aquí?-dijo Hitman.
Kian se puso repentinamente tenso.
-La chica está bajo mi protección-siseó.
El calvo soltó una carcajada.
-Pues al parecer hacer de niñera no es lo tuyo, la chica se te ha escapado. Si quieres puedo ayudarte a buscarla, y de paso me cuentas qué sabes de los hombres del rey.
Kian sonrió.
-Muy amable, pero la puedo encontrar por mí mismo, créeme. Y sobre el rey...ya te he dicho que quieren matarte.
Se dio la vuelta para marcharse pero cambió de idea.
-¿Qué eres?-preguntó finalmente.
-¿Que soy? Buena pregunta. –Contestó agachando la cabeza.-Si algún día lo averiguo te lo haré saber.
La pregunta había removido viejas heridas en el agente 47. Durante toda su vida había luchado por encontrar en su interior un ápice de humanidad, y justo cuando se sentía plenamente vivo le habían arrebatado todo cuanto tenía.
Kian se mostró satisfecho con la respuesta, y algo parecido al interés brilló en sus ojos azules.
-No había visto a ninguno como tú en el mundo de Tinta. Es curioso...Por cierto-dijo examinando su vestimenta-Yo sé de una chaqueta que te iría bien con esa ropa.
Hitmman no pudo reprimir una mueca de desprecio.
-¿Así que tú has estado fisgando en mis cosas? Odio que se metan en mi vida. ¿Quién te ha enviado?
El chico acogió con diversión el desconcierto de Hitmman.
-Te equivocas de hombre-Kian no pudo evitar reír al decir aquello-No me dedico a robar.
Limpió la daga en su chaqueta y la guardó.
-Créeme, no son los rateros lo que me preocupa. En estos momentos ando en cosas más importantes. Y parece que tu también estás ocupado, encuentra a la chica antes de que vaya más lejos, este sitio no es apropiado para ella.
Kian se encogió de hombros y le dio la espalda, retomando el rastro de Ari. Sabía que estaba quebrantando la promesa que le hizo al hechicero, pero los tratos para él no significaban nada, y gracias al pequeño adelanto su manada ya no estaba hambrienta. No tenía por qué matarlo, después de todo, aquel tipo era un enigma, y a Kian le entusiasmaban los misterios.
-No estan muertos, no tardarán en despertar-47 miró fijamente a los penetrantes ojos azules de aquel ser.
Kian alzó una ceja levemente sorprendido. Olfateó el aire. Cierto, no olía a muerte. El olor de esa maldita chica dragón dominaba sobre cualquier otro que hubiera en el ambiente. Sacó una daga de su chaqueta y degolló uno a uno a los aún durmientes licántropos.
-Ahora no despertarán-dijo con una sonrisa.
-¿Quien demonios eres tu?-preguntó Hitman sujetando al joven por la muñeca para evitar que continuara su matanza. Estaba más fuerte de lo que aparentaba.-¿Por qué debería fiarme de ti?
Kian retrocedió con violencia obligando a Hitman a soltar su muñeca, y un débil gruñido afloró de su garganta.
-No tienes que fiarte de mi.
Antes de que Hitman pudiera volver a intervenir clavó con rapidez la daga en la yugular del último de los licántropos.
-¿Que hacéis merodeando por esta zona? Ya me había acostumbrado a vivir solo. A propósito, ¿Qué sabes de la niña que andaba por aquí?-dijo Hitman.
Kian se puso repentinamente tenso.
-La chica está bajo mi protección-siseó.
El calvo soltó una carcajada.
-Pues al parecer hacer de niñera no es lo tuyo, la chica se te ha escapado. Si quieres puedo ayudarte a buscarla, y de paso me cuentas qué sabes de los hombres del rey.
Kian sonrió.
-Muy amable, pero la puedo encontrar por mí mismo, créeme. Y sobre el rey...ya te he dicho que quieren matarte.
Se dio la vuelta para marcharse pero cambió de idea.
-¿Qué eres?-preguntó finalmente.
-¿Que soy? Buena pregunta. –Contestó agachando la cabeza.-Si algún día lo averiguo te lo haré saber.
La pregunta había removido viejas heridas en el agente 47. Durante toda su vida había luchado por encontrar en su interior un ápice de humanidad, y justo cuando se sentía plenamente vivo le habían arrebatado todo cuanto tenía.
Kian se mostró satisfecho con la respuesta, y algo parecido al interés brilló en sus ojos azules.
-No había visto a ninguno como tú en el mundo de Tinta. Es curioso...Por cierto-dijo examinando su vestimenta-Yo sé de una chaqueta que te iría bien con esa ropa.
Hitmman no pudo reprimir una mueca de desprecio.
-¿Así que tú has estado fisgando en mis cosas? Odio que se metan en mi vida. ¿Quién te ha enviado?
El chico acogió con diversión el desconcierto de Hitmman.
-Te equivocas de hombre-Kian no pudo evitar reír al decir aquello-No me dedico a robar.
Limpió la daga en su chaqueta y la guardó.
-Créeme, no son los rateros lo que me preocupa. En estos momentos ando en cosas más importantes. Y parece que tu también estás ocupado, encuentra a la chica antes de que vaya más lejos, este sitio no es apropiado para ella.
Kian se encogió de hombros y le dio la espalda, retomando el rastro de Ari. Sabía que estaba quebrantando la promesa que le hizo al hechicero, pero los tratos para él no significaban nada, y gracias al pequeño adelanto su manada ya no estaba hambrienta. No tenía por qué matarlo, después de todo, aquel tipo era un enigma, y a Kian le entusiasmaban los misterios.
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Colmillo_Blanco- Administradora

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Fecha de inscripción: 06/05/2010

Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
By: Comillo_Blanco&Eldredge
No se molestó en convertirse en lobo para seguirla pues no se hallaba muy lejos.
-¿Estás bien?-preguntó-Ya te advertí de que había lobos...
Se giró sobresaltada y lo miró.
-Tu otra vez...- dudo un momento, pero al final contesto-si, estoy bien..
Kian le mostró una sonrisa torcida:
-No podía dejar que deambularas sola por el bosque.
Lo observo detenidamente y se percato de su cicatriz, realmente era alguien bastante peculiar, y aunque solía ser bastante confiada el mundo de tinta le había enseñado que había que tener siempre cuidado con sus habitantes, y algo le decia que de entre todos los habitantes de ese mundo se había topado con uno realmente peligroso.
-Porque es peligroso...¿no es asi?-lo miro a los ojos- el bosque es un citio muy peligroso
Kian se acercó a ella notando la tensión de la chica.
-Es peligroso, sí, pero al final acaba siendo como un juego, y a mí me encanta jugar, ¿ a ti no?
Derrepente un recuerdo emano de lo mas hondo de su memoria, un recuerdo alegre y divertido. Ari no pudo evitar reirse. -El juego,¿eh?-dijo volviendo a levantar la cabeza y dejando mostrar una fugaz mirada desafiante en su rostro.-Pues lo siento mucho-dijo mientras se daba la vuelta y se disponía a seguir- pero mi tio me dijo una vez: ¨nunca seas como Silias, el juego es algo malo a evitar, si no q uieres acabar convirtiendote en un exibicionista ludopata, con menos de una docena de neuronas¨
Kian se quedó paralizado al oír aquel nombre. Hacía diecisiete años que no lo oía, y era el único recuerdo que guardaba de su madre. No se acordaba de su rostro, ni de su forma de ser, sólo de ese nombre que había repetido hasta la saciedad: Silias.
-¿Sabes quién es Silias?-dijo agarrándo a Ari del hombro para que se diera la vuelta. Su voz había adquirido un matiz distinto.-¿Lo conoces?
Ari lo miro extrañada, era como si...Agito la cabeza.-Yo bueno...conocerle conocerle....no, solo se que Silias es un amigo de mi tio, el me hablo de él solo eso.-
Kian observó a la chica pensativo.
-¿Y de qué mundo vienes tú?
-Yo...-Ari lo miro, con los ojos abiertos como platos,derrepente se sitio aterrorizada. Había sentido, cuando el chico pronuncio esas ultimas palabras, como si le clavaran un puñal en el estomago. El chico sabía que no provenía de ese mundo. Y eso no era nada bueno, la experiencia se le decía. Intento safarce desesperadamente de él.
Kian la agarró por fuerza.
-¿Qué te pasa?No me digas que tienes traumas del pasado o algo así-dijo con impaciencia
-¡Dejame, me estas haciendo daño!-le grito. No conseguía soltarse. La tenía bien agarrada. La desesperación la impulso a morderle la mano, intentando hacerle daño para q la soltase.
Aunque el mordisco apenas le hizo daño, Kian tuvo ganas de sacar la daga y acabar con ella en aquel mismo instante, pero de alguna manera se recompuso y controló su ira.
-Cálmate de una vez, no voy a hacerte daño.
¿Cómo quería que se calmase? Desde el primer momento algo le dio mala espina sobre aquel chico. Pero así no conseguiria gran cosa. No conseguia soltarse, el chico era endiabladamente fuerte. Dejo de morderle, y mientras intentaba recompones su compostura trago una fuerte bocanada de aire.-Dejame en paz, no quiero meterme en problemas-
El chico la soltó, aunque no bajó la guardia por si tenía que volver a retenerla.
-¿De dónde vienes?-volvió a repetir, y añadió-porque es bastante obvio que no eres de aquí, dragona.
-¿Cómo sabes que soy un dragón?-dijo en un tono entre la admiracion y el terror.-Buno, yo..vengo de Idhun-Acab terminando.
-Idhún...-murmuró Kian-¿Sabes si ese tal Silias sigue vivo?-dijo ignorando la primera pregunta.
Lo miro indignada.
-¿Y a ti que más te da si esta vivo o no?-le solto bruscamente.
Kian sonrió.
-Sólo dímelo. Es curiosidad, nada más.
No se molestó en convertirse en lobo para seguirla pues no se hallaba muy lejos.
-¿Estás bien?-preguntó-Ya te advertí de que había lobos...
Se giró sobresaltada y lo miró.
-Tu otra vez...- dudo un momento, pero al final contesto-si, estoy bien..
Kian le mostró una sonrisa torcida:
-No podía dejar que deambularas sola por el bosque.
Lo observo detenidamente y se percato de su cicatriz, realmente era alguien bastante peculiar, y aunque solía ser bastante confiada el mundo de tinta le había enseñado que había que tener siempre cuidado con sus habitantes, y algo le decia que de entre todos los habitantes de ese mundo se había topado con uno realmente peligroso.
-Porque es peligroso...¿no es asi?-lo miro a los ojos- el bosque es un citio muy peligroso
Kian se acercó a ella notando la tensión de la chica.
-Es peligroso, sí, pero al final acaba siendo como un juego, y a mí me encanta jugar, ¿ a ti no?
Derrepente un recuerdo emano de lo mas hondo de su memoria, un recuerdo alegre y divertido. Ari no pudo evitar reirse. -El juego,¿eh?-dijo volviendo a levantar la cabeza y dejando mostrar una fugaz mirada desafiante en su rostro.-Pues lo siento mucho-dijo mientras se daba la vuelta y se disponía a seguir- pero mi tio me dijo una vez: ¨nunca seas como Silias, el juego es algo malo a evitar, si no q uieres acabar convirtiendote en un exibicionista ludopata, con menos de una docena de neuronas¨
Kian se quedó paralizado al oír aquel nombre. Hacía diecisiete años que no lo oía, y era el único recuerdo que guardaba de su madre. No se acordaba de su rostro, ni de su forma de ser, sólo de ese nombre que había repetido hasta la saciedad: Silias.
-¿Sabes quién es Silias?-dijo agarrándo a Ari del hombro para que se diera la vuelta. Su voz había adquirido un matiz distinto.-¿Lo conoces?
Ari lo miro extrañada, era como si...Agito la cabeza.-Yo bueno...conocerle conocerle....no, solo se que Silias es un amigo de mi tio, el me hablo de él solo eso.-
Kian observó a la chica pensativo.
-¿Y de qué mundo vienes tú?
-Yo...-Ari lo miro, con los ojos abiertos como platos,derrepente se sitio aterrorizada. Había sentido, cuando el chico pronuncio esas ultimas palabras, como si le clavaran un puñal en el estomago. El chico sabía que no provenía de ese mundo. Y eso no era nada bueno, la experiencia se le decía. Intento safarce desesperadamente de él.
Kian la agarró por fuerza.
-¿Qué te pasa?No me digas que tienes traumas del pasado o algo así-dijo con impaciencia
-¡Dejame, me estas haciendo daño!-le grito. No conseguía soltarse. La tenía bien agarrada. La desesperación la impulso a morderle la mano, intentando hacerle daño para q la soltase.
Aunque el mordisco apenas le hizo daño, Kian tuvo ganas de sacar la daga y acabar con ella en aquel mismo instante, pero de alguna manera se recompuso y controló su ira.
-Cálmate de una vez, no voy a hacerte daño.
¿Cómo quería que se calmase? Desde el primer momento algo le dio mala espina sobre aquel chico. Pero así no conseguiria gran cosa. No conseguia soltarse, el chico era endiabladamente fuerte. Dejo de morderle, y mientras intentaba recompones su compostura trago una fuerte bocanada de aire.-Dejame en paz, no quiero meterme en problemas-
El chico la soltó, aunque no bajó la guardia por si tenía que volver a retenerla.
-¿De dónde vienes?-volvió a repetir, y añadió-porque es bastante obvio que no eres de aquí, dragona.
-¿Cómo sabes que soy un dragón?-dijo en un tono entre la admiracion y el terror.-Buno, yo..vengo de Idhun-Acab terminando.
-Idhún...-murmuró Kian-¿Sabes si ese tal Silias sigue vivo?-dijo ignorando la primera pregunta.
Lo miro indignada.
-¿Y a ti que más te da si esta vivo o no?-le solto bruscamente.
Kian sonrió.
-Sólo dímelo. Es curiosidad, nada más.

Eldredge- Mensajes: 5
Fecha de inscripción: 07/05/2010
Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
By: Aletheia, Desmond, & Colmillo_Blanco
La joven andaba sin rumbo entre los árboles cuando empezó a notar algo raro. Los pájaros habian dejado de cantar súbitamente y entonces se detuvo. Cuando levantó la mirada se encontró de frente con unos ojos amarillentos que la miraban fijamente. Lobo. Se quedó paralizada por el miedo unos instantes, y al intentar dar un paso atrás notó cómo se le abalanzaban desde ambos lados las bestias salvajes.
Cerró los ojos y contuvo la respiración. Entonces sintió una gran presión en la cabeza y hubo una ráfaga de luz. Sintió un golpe seco y cayó al suelo. Cuando abrió los ojos, a su lado en la nieve pudo distinguir el cuerpo sin vida de una de las alimañas que la habian atacado. Miró a su alrededor y pudo observar q estaba rodeada. Entonces, en medio del silencio de la noche, uno de los lobos que la observaba se adelantó lentamente y aulló hacia el cielo.
El aullido que perturbó el silencio llevaba un mensaje de muerte. Kian murmuró algo por lo bajo y sin decir nada más corrió en dirección a su manada dejando a Ari desconcertada.
El escenario que se encontró lo dejó más sorprendido que horrorizado. El Alfa yacía en el suelo, muerto desde hacía unos minutos, y los demás tanteaban a la humana sin atreverse del todo a atacarla para no correr la misma suerte que su jefe de manada. Kian gruñó mostrando su desacuerdo con aquella actitud y luego sus ojos azules, que en la oscuridad se tornaron amarillentos, se clavaron en los de la humana con una rabia no contenida.
Sin pensárselo dos veces se abalanzó sobre la chica con las fauces entreabiertas mostrando dos hileras de afilados colmillos que se cerrarían sobre su cuello dándole una muerte mucho más benévola de la que merecía.
Hitmman observaba la escena desde lo alto del eucalipto. Había llegado el momento de intervenir. No podía dejar que aquella preciosura muriera, era vital en la misión que le había sido encomendada.
Bajó a toda prisa gritó:
-¡No!
Corrió hacia la fiera mientras sacaba el rifle de dardos tranquilizantes. Mierda, se había quedado sin munición.
Cogió impulso y se abalanzó con todas sus fuerzas sobre él, haciéndole perder el equilibrio.
El lobo negro soltó un gruñido de sorpresa, y se revolvió contra su atacante reconociéndolo al instante. Retrocedió unos pasos con los belfos distendidos mostrando los colmillos, y todo el pelaje erizado haciéndolo parecer mucho más grande de lo que era.
Con un gesto ordenó a la manada que rodearan a Hitmman y a la humana y que se prepararan para el ataque.
Con el rifle descargado, lo único que le quedaba a Hitmman eran sus manos y el cable de fibra. Sacó este mientras notaba angustiado la presencia del animal sobre su pecho. En el que creyó el último segundo de su vida tensó el cable y rodeó el espeso cuello de su atacante.
El lobo se retorció usando las garras para dañar a Hitmman y que éste soltara el cable.
Pero el calvo apretó con todas sus fuerzas. Pudo sentir el jadeo ahogado del lobo sobe su cara. Impulsó todo el peso de su cuerpo hacia arriba y volteó a su oponente hasta quedar encima de él. Ahora dominaba la situación.
Kian agitó con torpeza las patas intentando zafarse de su oponente pero el dolor del cable atenazándole el cuello no le dejaba pensar en otra cosa. Soltó un débil gemido, y acto seguido un lobo se abalanzó contra la espalda de Hitmman desgarrándole las ropas y atravesando la carne, obligándolo a soltar al lobo negro. Sin embargo en el lugar del lobo ahora se encontraba un chico que jadeante se arrancaba el cable del cuello.
El dolor se apoderó del cuerpo de Hitmman. Sintió que le hervía la herida de la espalda, el sudor empapó toda su anatomía y a punto estuvo de perder el conocimiento.
Cuando por fin pudo abrir los ojos vio en lo que se había transformado el lobo. Era el extraño chico de ojos azules con el que había charlado un rato antes.
-¡Tú!-exclamó entre gemidos.
Kian sentía la garganta tan dolorida que dudaba que pudiera emitir sonido alguno, así que por toda respuesta sonrió e hizo un gesto con la cabeza a su compañero de manada para que se apartara de Hitmman.
Sacó su daga y su sonrisa se hizo aún más amplia.
Cuando el lobo se apartó notó como si se hubiese quitado una tonelada de encima, pero en cuanto vio el brillo del metal a la luz de la luna la ansiedad volvió a recobrar su protagonismo. Intentó levantarse y se retorció de dolor con el simple roce de la camisa sobre su piel.
-Espera, ¿Qué coño eres?
-Está claro, ¿no? –dijo Kian, y su voz sonó inusualmente ronca-Vas a morir y después voy a matar a la humana. Al final, los hechiceros sí que van a estar contentos con mi trabajo.
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Créeme si te digo que vas a preferir mil veces estar muerto que seguir viviendo en lo que quede de este mundo cuando esos hechiceros que te prometen la panacea se salgan con la suya.
Kian se encogió de hombros.
-Puede que yo sea un repudiado como tú, pero este es mi mundo. Lamento que te sientas fuera de lugar aquí.
-Dentro de poco no seré el único que se sienta fuera de lugar. Hasta ahora a los repudiados se nos ha permitido convivir con el resto de habitantes del Mundo de Tinta, pero cuando se imponga el nuevo régimen nuestra historia desaparecerá en el tiempo, las generaciones venideras ni siquiera oirán hablar de nuestra existencia.
Kian soltó un bufido y acercó la daga peligrosamente al cuello de Hitmman.
-¿Tus últimas palabras? Conmuéveme-dijo con cierta satisfacción al percibir el miedo de su presa.
Aquel nudo en el estómago no se debía las heridas. Esa sensación debía ser lo que los demás llamaban miedo. A sus más de treinta años se sentía casi virgen en lo que a emociones se refería, pero en ese instante sintió como estas atravesaban su coraza.
-La gente del rey está conspirando en su contra. Si no lo evitamos a tiempo, la dictadura se cebará con esta tierra. El rey confía en mí para acabar con los sublevados, a cambio ha prometido sacarme de aquí, porque no sé si sabes que las puertas no se cerraron hace 17 años, siguen abiertas. En caso de que esto se ponga feo puedes venir conmigo. Adelante, mátame, mata a tu salvoconducto.
El chico rozó el cuello de Hitmann con el borde afilado de la daga.
-¿Siguen abiertas? ¿Por qué debería creerte? Eres un hombre desesperado a punto de morir, ¿cómo sé que no es una mentira para salvar tu pellejo?
Kian pensó en lo poco que le habría importado aquella noticia de no ser por el comentario de Ari sobre el misterioso Silias.
-¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí? ¿Recuerdas haberme visto por aquí antes de hace dos años? ¿No verdad? Pregunta a quien quieras cuanto hace que me conocen. Si las puertas siguiesen cerradas, no podría haber llegado hace solo dos años.
Kian recapacitó unos instantes sobre aquello, y finalmente asintió con lentitud.
-¿Dónde está la puerta?-dijo dispuesto a matarlo en cuanto le diera la respuesta a aquella pregunta.
-Lo sabré cuando esté junto al rey. Solo él y su consejo de sabios lo saben.
-¿Te dirán ellos dónde está la puerta?-preguntó con frialdad apartando la daga del cuello de Hitmman.
-De eso estoy seguro. El juramento de fidelidad entre los sabios y el rey no es nada comparable al del resto de la corte.
-Perfecto, porque en cuanto lo sepas me vas a decir dónde está.
Se volvió hacia la humana y se preparó para lanzarle la daga directa al pecho.
-¡No ¡ No puedes matarla a ella. Sin ella no hay misión. Debo llevarla ante nuestra majestad cuanto antes.
Kian emitió un gruñido más animal que humano.
-La humana ha matado a uno de los míos, se merece la misma suerte.
-¡Que los ha matado! Solo se ha defendido de los atacantes que tú le has enviado. Si hay un culpable de la muerte de ese lobo ese eres tú.-El tono de Hitmman no podía denotar más rabia.
El licántropo lanzó una mirada despectiva a Hitmann, apretó los puños y guardó la daga.
-Los humanos no son bienvenidos en este bosque.
Se arrodilló junto al cadáver del lobo y hundió las manos en su espeso pelaje gris sin dejar traslucir emoción alguna con aquel gesto.
-No te estoy pidiendo que la recibas con confetti. Pero sólo te digo una cosa, para ponerle un dedo encima tienes que matarme a mi primero, y ya sabes lo que eso supone. Ahora si me permites, voy a limpiarme esta herida.
-La dejaré con vida mientras sea necesaria para encontrar la puerta. Sólo hasta que encontremos la puerta...
El chico desapareció y el lobo negro levantó el hocico al cielo en un prolongado aullido. El resto de la manada lo imitó, coreando al nuevo lobo alfa.
La joven andaba sin rumbo entre los árboles cuando empezó a notar algo raro. Los pájaros habian dejado de cantar súbitamente y entonces se detuvo. Cuando levantó la mirada se encontró de frente con unos ojos amarillentos que la miraban fijamente. Lobo. Se quedó paralizada por el miedo unos instantes, y al intentar dar un paso atrás notó cómo se le abalanzaban desde ambos lados las bestias salvajes.
Cerró los ojos y contuvo la respiración. Entonces sintió una gran presión en la cabeza y hubo una ráfaga de luz. Sintió un golpe seco y cayó al suelo. Cuando abrió los ojos, a su lado en la nieve pudo distinguir el cuerpo sin vida de una de las alimañas que la habian atacado. Miró a su alrededor y pudo observar q estaba rodeada. Entonces, en medio del silencio de la noche, uno de los lobos que la observaba se adelantó lentamente y aulló hacia el cielo.
El aullido que perturbó el silencio llevaba un mensaje de muerte. Kian murmuró algo por lo bajo y sin decir nada más corrió en dirección a su manada dejando a Ari desconcertada.
El escenario que se encontró lo dejó más sorprendido que horrorizado. El Alfa yacía en el suelo, muerto desde hacía unos minutos, y los demás tanteaban a la humana sin atreverse del todo a atacarla para no correr la misma suerte que su jefe de manada. Kian gruñó mostrando su desacuerdo con aquella actitud y luego sus ojos azules, que en la oscuridad se tornaron amarillentos, se clavaron en los de la humana con una rabia no contenida.
Sin pensárselo dos veces se abalanzó sobre la chica con las fauces entreabiertas mostrando dos hileras de afilados colmillos que se cerrarían sobre su cuello dándole una muerte mucho más benévola de la que merecía.
Hitmman observaba la escena desde lo alto del eucalipto. Había llegado el momento de intervenir. No podía dejar que aquella preciosura muriera, era vital en la misión que le había sido encomendada.
Bajó a toda prisa gritó:
-¡No!
Corrió hacia la fiera mientras sacaba el rifle de dardos tranquilizantes. Mierda, se había quedado sin munición.
Cogió impulso y se abalanzó con todas sus fuerzas sobre él, haciéndole perder el equilibrio.
El lobo negro soltó un gruñido de sorpresa, y se revolvió contra su atacante reconociéndolo al instante. Retrocedió unos pasos con los belfos distendidos mostrando los colmillos, y todo el pelaje erizado haciéndolo parecer mucho más grande de lo que era.
Con un gesto ordenó a la manada que rodearan a Hitmman y a la humana y que se prepararan para el ataque.
Con el rifle descargado, lo único que le quedaba a Hitmman eran sus manos y el cable de fibra. Sacó este mientras notaba angustiado la presencia del animal sobre su pecho. En el que creyó el último segundo de su vida tensó el cable y rodeó el espeso cuello de su atacante.
El lobo se retorció usando las garras para dañar a Hitmman y que éste soltara el cable.
Pero el calvo apretó con todas sus fuerzas. Pudo sentir el jadeo ahogado del lobo sobe su cara. Impulsó todo el peso de su cuerpo hacia arriba y volteó a su oponente hasta quedar encima de él. Ahora dominaba la situación.
Kian agitó con torpeza las patas intentando zafarse de su oponente pero el dolor del cable atenazándole el cuello no le dejaba pensar en otra cosa. Soltó un débil gemido, y acto seguido un lobo se abalanzó contra la espalda de Hitmman desgarrándole las ropas y atravesando la carne, obligándolo a soltar al lobo negro. Sin embargo en el lugar del lobo ahora se encontraba un chico que jadeante se arrancaba el cable del cuello.
El dolor se apoderó del cuerpo de Hitmman. Sintió que le hervía la herida de la espalda, el sudor empapó toda su anatomía y a punto estuvo de perder el conocimiento.
Cuando por fin pudo abrir los ojos vio en lo que se había transformado el lobo. Era el extraño chico de ojos azules con el que había charlado un rato antes.
-¡Tú!-exclamó entre gemidos.
Kian sentía la garganta tan dolorida que dudaba que pudiera emitir sonido alguno, así que por toda respuesta sonrió e hizo un gesto con la cabeza a su compañero de manada para que se apartara de Hitmman.
Sacó su daga y su sonrisa se hizo aún más amplia.
Cuando el lobo se apartó notó como si se hubiese quitado una tonelada de encima, pero en cuanto vio el brillo del metal a la luz de la luna la ansiedad volvió a recobrar su protagonismo. Intentó levantarse y se retorció de dolor con el simple roce de la camisa sobre su piel.
-Espera, ¿Qué coño eres?
-Está claro, ¿no? –dijo Kian, y su voz sonó inusualmente ronca-Vas a morir y después voy a matar a la humana. Al final, los hechiceros sí que van a estar contentos con mi trabajo.
-¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Créeme si te digo que vas a preferir mil veces estar muerto que seguir viviendo en lo que quede de este mundo cuando esos hechiceros que te prometen la panacea se salgan con la suya.
Kian se encogió de hombros.
-Puede que yo sea un repudiado como tú, pero este es mi mundo. Lamento que te sientas fuera de lugar aquí.
-Dentro de poco no seré el único que se sienta fuera de lugar. Hasta ahora a los repudiados se nos ha permitido convivir con el resto de habitantes del Mundo de Tinta, pero cuando se imponga el nuevo régimen nuestra historia desaparecerá en el tiempo, las generaciones venideras ni siquiera oirán hablar de nuestra existencia.
Kian soltó un bufido y acercó la daga peligrosamente al cuello de Hitmman.
-¿Tus últimas palabras? Conmuéveme-dijo con cierta satisfacción al percibir el miedo de su presa.
Aquel nudo en el estómago no se debía las heridas. Esa sensación debía ser lo que los demás llamaban miedo. A sus más de treinta años se sentía casi virgen en lo que a emociones se refería, pero en ese instante sintió como estas atravesaban su coraza.
-La gente del rey está conspirando en su contra. Si no lo evitamos a tiempo, la dictadura se cebará con esta tierra. El rey confía en mí para acabar con los sublevados, a cambio ha prometido sacarme de aquí, porque no sé si sabes que las puertas no se cerraron hace 17 años, siguen abiertas. En caso de que esto se ponga feo puedes venir conmigo. Adelante, mátame, mata a tu salvoconducto.
El chico rozó el cuello de Hitmann con el borde afilado de la daga.
-¿Siguen abiertas? ¿Por qué debería creerte? Eres un hombre desesperado a punto de morir, ¿cómo sé que no es una mentira para salvar tu pellejo?
Kian pensó en lo poco que le habría importado aquella noticia de no ser por el comentario de Ari sobre el misterioso Silias.
-¿Sabes cuánto tiempo llevo aquí? ¿Recuerdas haberme visto por aquí antes de hace dos años? ¿No verdad? Pregunta a quien quieras cuanto hace que me conocen. Si las puertas siguiesen cerradas, no podría haber llegado hace solo dos años.
Kian recapacitó unos instantes sobre aquello, y finalmente asintió con lentitud.
-¿Dónde está la puerta?-dijo dispuesto a matarlo en cuanto le diera la respuesta a aquella pregunta.
-Lo sabré cuando esté junto al rey. Solo él y su consejo de sabios lo saben.
-¿Te dirán ellos dónde está la puerta?-preguntó con frialdad apartando la daga del cuello de Hitmman.
-De eso estoy seguro. El juramento de fidelidad entre los sabios y el rey no es nada comparable al del resto de la corte.
-Perfecto, porque en cuanto lo sepas me vas a decir dónde está.
Se volvió hacia la humana y se preparó para lanzarle la daga directa al pecho.
-¡No ¡ No puedes matarla a ella. Sin ella no hay misión. Debo llevarla ante nuestra majestad cuanto antes.
Kian emitió un gruñido más animal que humano.
-La humana ha matado a uno de los míos, se merece la misma suerte.
-¡Que los ha matado! Solo se ha defendido de los atacantes que tú le has enviado. Si hay un culpable de la muerte de ese lobo ese eres tú.-El tono de Hitmman no podía denotar más rabia.
El licántropo lanzó una mirada despectiva a Hitmann, apretó los puños y guardó la daga.
-Los humanos no son bienvenidos en este bosque.
Se arrodilló junto al cadáver del lobo y hundió las manos en su espeso pelaje gris sin dejar traslucir emoción alguna con aquel gesto.
-No te estoy pidiendo que la recibas con confetti. Pero sólo te digo una cosa, para ponerle un dedo encima tienes que matarme a mi primero, y ya sabes lo que eso supone. Ahora si me permites, voy a limpiarme esta herida.
-La dejaré con vida mientras sea necesaria para encontrar la puerta. Sólo hasta que encontremos la puerta...
El chico desapareció y el lobo negro levantó el hocico al cielo en un prolongado aullido. El resto de la manada lo imitó, coreando al nuevo lobo alfa.
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Colmillo_Blanco- Administradora

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Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
By: Colmillo_Blanco y Alétheia
Hitmman tendió una mano a la joven, que temblaba escondida tras un matorral.
-Oye lobito, ¿Encontraste a la otra chica? ¿Te la has comido ya?
Kian se convirtió en humano y olfateó el aire intentando hallar algún rastro de Ari, pero se encontraba demasiado lejos para captar nada.
-La perdí.-admitió.
-Tendré que creerte. De todos modos, no es que me importe mucho la niña, simplemente me pareció extraño verla por aquí. Me llevo a esta chica al cobertizo, hay que curarle las heridas.
Kian bufó con la mención a la humana.
-Las heridas pueden esperar, tenemos que encontrar a Ari-dijo, más por fastidiar que porque realmente le urgiera encontrar a la chica.
-¿Qué interés tienes tu en la mocosa? Juraría que no te importa ni tu propia sombra. Tú haz lo que quieras, yo no pienso irme hasta que me aseguro que ella está a salvo. Y yo también estoy sangrando.
-Ya te he dicho que está bajo mi protección. Y te recuerdo que no estás en un estado como para hacer lo que te venga en gana. Sin armas, herido...-Kian paseó la mirada por los lobos que gruñían a los desconocidos-y con una manada de lobos a la que no le importaría despedazarte. Yo que tú me lo pensaría antes de llevarme la contraria.
-Touché- Hitman se sintió acorralado. El chico tenía razón, si estaba vivo era gracias a él. Con aquella manada acechando aquellos lares su vida dependía de su pacto con el licántropo. –Iremos a buscar a la pequeña, pero antes debemos ocultar a Eve en un lugar seguro, está muy débil para seguir nuestros pasos.
Kian lanzó una mirada maliciosa a Eve regocijándose en su sufrimiento. Le hubiera gustado torturarla un poco más pero llegó a la conclusión de que por mucho que le pesara la humana era necesaria si quería encontrar la Puerta, o al menos eso decía Hitmman. Decidió ceder y asintió.
-Puedes dejarla aquí mismo si te parece, dejaré a tres de mis lobos protegiéndola.
Kian se rió de su propia sugerencia, sabía que Hitmman no se fiaría.
El gesto de desaprobación de Hitmman lo decía todo. No iba a dejar a Eve allí bajo ningún concepto.
-La dejaré en el cobertizo, allí estará segura. Además, allí fue donde le perdimos la pista a… ¿Cómo has dicho que se llamaba? Vamos, no perdamos más tiempo.
El licántropo rió por lo bajo. Se encontraba de buen humor por aquel nuevo reto que suponía llegar hasta la Puerta, algo que hasta esa noche no le había interesado en absoluto. De repente pareció recordar algo.
-¿Dices que trabajas para el Rey no? Pues deberías saber que fueron unos hechiceros enviados por él los que me encargaron la misión de matarte.
-Yo no trabajo para nadie. El rey me trajo a este mundo y ahora requiere mi ayuda. Yo solo busco respuestas. Y ya te he dicho que los súbditos del rey no son de fiar, están planeando un golpe- Hitmman se arrepintió de haberle dado tanta información al desconocido. Sabía que tarde o temprano tendría que deshacerse de él, y cuanto menos supiera mejor. –Cuando estemos todos en condiciones deberemos aprovisionarnos víveres y armamento, tenemos un largo camino por delante.
Kian escuchaba a medias a Hitmman, pues mientras éste hablaba, él daba a los lobos instrucciones de encontrar el rastro de la dragona. La manada se perdió en el bosque a excepción de una loba blanca, la misma que había atacado a Hitmman, que permaneció junto a Kian como un perrito faldero, los ojos fijos en los extraños a los que gruñía en cuanto se acercaban más de lo debido.
-Hablas mucho, eres bastante molesto-dijo el licántropo secamente.
Una tímida risa se dibujó en los labios del calvo. Era la primera vez que alguien se quejaba de él por hablar más de la cuenta, estaba acostumbrado a trabajar solo.
-Tienes razón –dijo elevando el tono de voz-. Ya está bien de charlas por esta noche, salgamos cuanto antes.
Acto seguido, se cargó a la chica con un golpe brusco. No era la primera vez que transportaba un cuerpo, pero esta vez se trataba de uno vivo.
Kian oyó un aullido no muy lejos de allí.
-Perfecto, ya han dado con su rastro.
Acarició en un gesto inconsciente la cabeza de la loba que gruñó débilmente. Kian asintió.
-Tienes razón, los dragones apestan.
Al gesto del chico se pusieron en camino. Hitmman recostó a Eve y esta le devolvió una mirada de agradecimiento. Una vez se hubo asegurado de que la puerta estaba perfectamente cerrada siguió el rastro de los lobos, que al parecer habían encontrado a la… ¿Había escuchado dragona?
Siguió el rastro de los lobos, que lo condujo junto al pozo. Allí, sentada sobre una roca, muerta de frío, encontraron a la niña.
Hitmman tendió una mano a la joven, que temblaba escondida tras un matorral.
-Oye lobito, ¿Encontraste a la otra chica? ¿Te la has comido ya?
Kian se convirtió en humano y olfateó el aire intentando hallar algún rastro de Ari, pero se encontraba demasiado lejos para captar nada.
-La perdí.-admitió.
-Tendré que creerte. De todos modos, no es que me importe mucho la niña, simplemente me pareció extraño verla por aquí. Me llevo a esta chica al cobertizo, hay que curarle las heridas.
Kian bufó con la mención a la humana.
-Las heridas pueden esperar, tenemos que encontrar a Ari-dijo, más por fastidiar que porque realmente le urgiera encontrar a la chica.
-¿Qué interés tienes tu en la mocosa? Juraría que no te importa ni tu propia sombra. Tú haz lo que quieras, yo no pienso irme hasta que me aseguro que ella está a salvo. Y yo también estoy sangrando.
-Ya te he dicho que está bajo mi protección. Y te recuerdo que no estás en un estado como para hacer lo que te venga en gana. Sin armas, herido...-Kian paseó la mirada por los lobos que gruñían a los desconocidos-y con una manada de lobos a la que no le importaría despedazarte. Yo que tú me lo pensaría antes de llevarme la contraria.
-Touché- Hitman se sintió acorralado. El chico tenía razón, si estaba vivo era gracias a él. Con aquella manada acechando aquellos lares su vida dependía de su pacto con el licántropo. –Iremos a buscar a la pequeña, pero antes debemos ocultar a Eve en un lugar seguro, está muy débil para seguir nuestros pasos.
Kian lanzó una mirada maliciosa a Eve regocijándose en su sufrimiento. Le hubiera gustado torturarla un poco más pero llegó a la conclusión de que por mucho que le pesara la humana era necesaria si quería encontrar la Puerta, o al menos eso decía Hitmman. Decidió ceder y asintió.
-Puedes dejarla aquí mismo si te parece, dejaré a tres de mis lobos protegiéndola.
Kian se rió de su propia sugerencia, sabía que Hitmman no se fiaría.
El gesto de desaprobación de Hitmman lo decía todo. No iba a dejar a Eve allí bajo ningún concepto.
-La dejaré en el cobertizo, allí estará segura. Además, allí fue donde le perdimos la pista a… ¿Cómo has dicho que se llamaba? Vamos, no perdamos más tiempo.
El licántropo rió por lo bajo. Se encontraba de buen humor por aquel nuevo reto que suponía llegar hasta la Puerta, algo que hasta esa noche no le había interesado en absoluto. De repente pareció recordar algo.
-¿Dices que trabajas para el Rey no? Pues deberías saber que fueron unos hechiceros enviados por él los que me encargaron la misión de matarte.
-Yo no trabajo para nadie. El rey me trajo a este mundo y ahora requiere mi ayuda. Yo solo busco respuestas. Y ya te he dicho que los súbditos del rey no son de fiar, están planeando un golpe- Hitmman se arrepintió de haberle dado tanta información al desconocido. Sabía que tarde o temprano tendría que deshacerse de él, y cuanto menos supiera mejor. –Cuando estemos todos en condiciones deberemos aprovisionarnos víveres y armamento, tenemos un largo camino por delante.
Kian escuchaba a medias a Hitmman, pues mientras éste hablaba, él daba a los lobos instrucciones de encontrar el rastro de la dragona. La manada se perdió en el bosque a excepción de una loba blanca, la misma que había atacado a Hitmman, que permaneció junto a Kian como un perrito faldero, los ojos fijos en los extraños a los que gruñía en cuanto se acercaban más de lo debido.
-Hablas mucho, eres bastante molesto-dijo el licántropo secamente.
Una tímida risa se dibujó en los labios del calvo. Era la primera vez que alguien se quejaba de él por hablar más de la cuenta, estaba acostumbrado a trabajar solo.
-Tienes razón –dijo elevando el tono de voz-. Ya está bien de charlas por esta noche, salgamos cuanto antes.
Acto seguido, se cargó a la chica con un golpe brusco. No era la primera vez que transportaba un cuerpo, pero esta vez se trataba de uno vivo.
Kian oyó un aullido no muy lejos de allí.
-Perfecto, ya han dado con su rastro.
Acarició en un gesto inconsciente la cabeza de la loba que gruñó débilmente. Kian asintió.
-Tienes razón, los dragones apestan.
Al gesto del chico se pusieron en camino. Hitmman recostó a Eve y esta le devolvió una mirada de agradecimiento. Una vez se hubo asegurado de que la puerta estaba perfectamente cerrada siguió el rastro de los lobos, que al parecer habían encontrado a la… ¿Había escuchado dragona?
Siguió el rastro de los lobos, que lo condujo junto al pozo. Allí, sentada sobre una roca, muerta de frío, encontraron a la niña.

Alétheia- Mensajes: 5
Fecha de inscripción: 06/05/2010
Re: Rol Mundo de Tinta: Los custodios de la llave
-Nombre: Ophiel Zrimbol
-Edad: 37
-Especie: Humano
-Mundo del que procede: Londres, siglo XIX.
-Personalidad:
La palabra adecuada para describir a Ophiel es la bipolaridad. Tiene dos personalidades muy marcadas. Por una parte es un amable caballero londinense que se dedica a su gran pasión: la investigación científica. Un respetable señor de risa suelta, aunque poco empático, lo que lo hace algo frívolo en sus maneras, aunque en el fondo es un gran interesado en el ser humano. Entre sus gustos se encuentra el placer de la lectura de clásicos, llevando siempre consigo una edición de la Odisea de Homero.
Su otra personalidad es radicalmente distinta, se convierte en un ser terriblemente apasionado cuya descripción más leve es la de psicópata. Aunque no romperá las promesas de su otra personalidad, intentará escabullirse de las responsabilidades. Por extraño que parezca, su interés científico se encuentra con una especie de alquimia en esta otra parte de su ser, siendo bastante hábil en la rápida elaboración de todo tipo de mezclas, incluyendo venenos o somníferos. Suele usar un símbolo extraño del que dice que le proporciona "suerte".
Suele emplear una pistola, aunque con su psicópata personalidad prefiere la sensación de clavar su cuchillo en sus víctimas.
-Historia:
Mientras huía de un audaz detective llamado Sherlock Holmes se encontró en una extraña librería. Allí escucharía atentamente a un hombre leer un libro que, sin saber cómo ni por qué, lo transportaría a este extraño Mundo de .
Tras las primeras confusiones, llegó a instalarse y seguir desarrollando sus investigaciones científicas actuando, además, como médico de un pueblo cercano al Bosque Impenetable y de la Posada de la Frontera. Sin embargo, su otra personalidad se encargó de provocar su repentina huida tras una serie de asesinatos.
Como científico quiso descubrir la razón de su bipolaridad y estudió cualquier libro que encontraba, desde las leyendas sobre un grupo de héroes que habían derrotado a Cabeza de Víboras hasta tratados científicos muy extravagantes.
Pero lo que más llamó su atención fue, precisamente, una leyenda sobre un fénix cuyas alas podían curar cualquier enfermedad y proteger de los hechos venideros, según el mito este fénix había sido decisivo en la victoria de los antiguos héroes, aunque había desaparecido tras la clausura de las puertas a los otros mundos.
Pese a su figura científica, se dejó cautivar de aquella historia y se puso en viaje... buscando la forma de poder viajar a otros mundos.
-Aspecto físico:
De tez algo pálida, es un hombre bastante corriente. Tiene el pelo castaño y esconde su oscura mirada tras unas gafas.
-Edad: 37
-Especie: Humano
-Mundo del que procede: Londres, siglo XIX.
-Personalidad:
La palabra adecuada para describir a Ophiel es la bipolaridad. Tiene dos personalidades muy marcadas. Por una parte es un amable caballero londinense que se dedica a su gran pasión: la investigación científica. Un respetable señor de risa suelta, aunque poco empático, lo que lo hace algo frívolo en sus maneras, aunque en el fondo es un gran interesado en el ser humano. Entre sus gustos se encuentra el placer de la lectura de clásicos, llevando siempre consigo una edición de la Odisea de Homero.
Su otra personalidad es radicalmente distinta, se convierte en un ser terriblemente apasionado cuya descripción más leve es la de psicópata. Aunque no romperá las promesas de su otra personalidad, intentará escabullirse de las responsabilidades. Por extraño que parezca, su interés científico se encuentra con una especie de alquimia en esta otra parte de su ser, siendo bastante hábil en la rápida elaboración de todo tipo de mezclas, incluyendo venenos o somníferos. Suele usar un símbolo extraño del que dice que le proporciona "suerte".
Suele emplear una pistola, aunque con su psicópata personalidad prefiere la sensación de clavar su cuchillo en sus víctimas.
-Historia:
Mientras huía de un audaz detective llamado Sherlock Holmes se encontró en una extraña librería. Allí escucharía atentamente a un hombre leer un libro que, sin saber cómo ni por qué, lo transportaría a este extraño Mundo de .
Tras las primeras confusiones, llegó a instalarse y seguir desarrollando sus investigaciones científicas actuando, además, como médico de un pueblo cercano al Bosque Impenetable y de la Posada de la Frontera. Sin embargo, su otra personalidad se encargó de provocar su repentina huida tras una serie de asesinatos.
Como científico quiso descubrir la razón de su bipolaridad y estudió cualquier libro que encontraba, desde las leyendas sobre un grupo de héroes que habían derrotado a Cabeza de Víboras hasta tratados científicos muy extravagantes.
Pero lo que más llamó su atención fue, precisamente, una leyenda sobre un fénix cuyas alas podían curar cualquier enfermedad y proteger de los hechos venideros, según el mito este fénix había sido decisivo en la victoria de los antiguos héroes, aunque había desaparecido tras la clausura de las puertas a los otros mundos.
Pese a su figura científica, se dejó cautivar de aquella historia y se puso en viaje... buscando la forma de poder viajar a otros mundos.
-Aspecto físico:
De tez algo pálida, es un hombre bastante corriente. Tiene el pelo castaño y esconde su oscura mirada tras unas gafas.
- Modo Normal:


- Modo Psicópata:

Ophiel- Mensajes: 1
Fecha de inscripción: 30/06/2010
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